Arquitectura de un Sueño

Las obras de Germán Cuéllar nos hablan de la vida que corre y amenaza con terminar. La edad, los ojos maduros de la sabiduría. Movimientos congelados. Incertidumbre y nostalgia plasmada en la mirada de personajes citadinos, que encierran detrás de las cicatrices del tiempo, historias llenas de matices, de contrastes. A veces historias olvidadas hasta por el personaje retratado, que tal vez ya no las recuerda. La visión del fotógrafo roza y juega con esa realidad y tiempo. Converge el presente con la otredad de lo que fue y ya no es; la sensibilidad, con el movimiento, a pesar de ser un momento detenido.

Imaginario colectivo a veces falso, a veces tan certero, que impacta. Compartir, no dejar, voltear los ojos, ofrecer una mirada, una sonrisa, una esperanza.

Poesía en imagen y texto, que se retroalimentan, se complementan y se potencializan, gracias a esas palabras incrustadas en la imagen y que hacen su obra artística única, original, uniforme, y llena de sensibilidad.

La realidad individual que acosa y que se multiplica en la ciudad; cruda estancia de este mundo en el que vivimos y que nos grita día a día pero no nos damos cuenta. Germán enmarca dicha realidad en sus obras detenidas en el tiempo haciéndonos recordar su presencia, su existencia… Somos parte de ese olvido, aunque a veces no nos demos cuenta de la indiferencia que creamos… de ese destino que muchos comparten, no logrando inmiscuirnos e identificarnos en este viaje de la vida, tal vez por estar ensimismados en un mundo colorido y a veces falso que no nos permite ver lo que nos rodea, cegándonos a causa del egoísmo, la cotidianeidad y la rutina. El fotógrafo nos lo recuerda, como una demanda de que todos somos uno mismo y nos encontramos en este mismo espacio. Un todo en el blanco y negro de un camino incierto… Una mirada ajena en donde podemos reflejarnos; un sentir que se capta a través de los ojos y la sensibilidad de Germán, quien capta, plasma, encuadra y congela momentos mágicos con ese brillo fugaz en la mirada de los personajes que retrata; brillo fugaz pero a la vez eterno.

Una mirada para recordar, para reconocer, reconocernos, compartir, y sin duda aplaudir.

Luís Koellar.

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